Sexualidad femenina a lo largo de la historia

La sexualidad femenina es un tema del que ahora se habla de manera cada vez más profunda, sobre todo respecto a aquellas áreas que aún permanecen llenas de misterio como el placer orgásmico y el deseo sexual.

Con el tiempo, se ha apreciado hasta qué punto la sexualidad ha adquirido un doble aspecto: el procreador y el amoroso, integrado o independiente del placer, en busca de la intimidad, el intercambio de gratificaciones y la irrupción de espacios como los sex-shop. La historia evolutiva de la sexualidad ilustra el arduo proceso que atravesó el pensamiento y la investigación experimental sobre el tema sexual.

Durante muchos siglos en las sociedades occidentales, el matrimonio tenía como único propósito la procreación y el «sexo» estaba prohibido en el matrimonio. El sexo ligado a la idea del placer, como hoy puede ser el uso de bolas chinas, se consideraba un «pecado» que indicaba en la mujer una fuente precisa de peligro moral para el hombre.

El placer se experimentó como tal si se relegaba a contextos promiscuos y desconocidos. También por ello, la investigación y el tratamiento de las disciplinas del área sexológica, en términos multidisciplinares, está tardando en afianzarse.

A la conquista del placer prohibido, del pensamiento negado

En la década de 1940, fue Kinsey quien contribuyó con una encuesta de campo para estudiar el comportamiento sexual masculino y femenino. El foco en la sexualidad femenina aparece en Europa y no siempre de forma evolutiva. De hecho, hubo muchos tratados moralistas que expresaron juicios negativos sobre la inteligencia de las mujeres.

A finales del siglo XIX, los movimientos feministas ingleses abrieron otras perspectivas. A partir de la evidencia clínica y psicoanalítica, Lombroso y luego sobre todo Freud comienzan a esbozar una serie de estudios específicos que centran la atención en elementos psiquiátricos y diagnósticos en esta área.

Reich será el primero en hablar del fenómeno orgásmico como efecto biológico (1922). No podemos dejar de mencionar las investigaciones bioconductuales de Masters y Johnson (1960-70) y el consecuente enfoque terapéutico, y seguir las aportaciones de Pasini (1981 y posteriores), y también de Abraham.

En Francia, Foucault, con la trilogía «Historia de la sexualidad», aborda este tema (1976-1984).

Desde un punto de vista histórico y social, las investigaciones posteriores ayudarán a los estudiosos, con los datos estadísticos recopilados, a encontrar las respuestas más adecuadas a lo «sumergido», es decir a las fantasías, pensamientos, vínculos, prejuicios, etc.

Una respuesta completamente femenina

La fuerza de los medios corre el riesgo de perder lo femenino que con tanto esfuerzo se ha reevaluado con el tiempo. Jung, refiriéndose a lo femenino, habla de «Alma» y que es de aquellos aspectos de protección, sensibilidad, visión global del mundo, interioridad, intuición, fertilidad y creatividad que hacen de la mujer un individuo por derecho propio, que adquiere el valor de la complementariedad para el hombre. La mujer es portadora de valores que son expresión de Eros.

La parte masculina está representada por el «Animus» caracterizado por la lógica, por la racionalidad, por el pensamiento, por el Logos.

Brown explica cómo el concepto de Eros, de Amor, a menudo está contaminado por el contexto, por los prejuicios, por la cultura, por la educación hasta el punto de condicionarse en el amor por el otro.

Para concluir…

Ella debe ser capaz de buscar estimulantes sexuales para mujeres y de sentir en la relación de pareja esa identidad sexual única, bien definida y cierta para poder expresar, sin miedos, inseguridades, la parte vital y energética de sí misma. La cual conduce al hombre y hacia experiencias más amplias y vivas, que hacen que la relación de pareja sea única y absoluta.

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